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Antropologia compleja de las emociones humanas - Ramirez

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  ISEGORÍA/25 (2001) pp. 177-200 177 NOTAS Y DISCUSIONES  Antropología «compleja»de las emociones humanas EUGENIA RAM Í REZ GOICOECHEA  UNED, Madrid R ESUMEN . Hablar, escribir y pensar enlas emociones est á de moda. Nosotros nossumamos a la corriente porque pensamos(y sentimos) que ya era hora. Desde unaperspectiva interdisciplinar abordamos lacomplejidad concentr á ndonos en cuatrotemas b á sicos, algunos ya cl á sicos: la uni- versalidad de las emociones y la unidad ps í -quica del hombre/mujer, el debate entrecognici ó nyemoci ó n,losefectosdelasemo-ciones en lo social y de lo social en lasemociones y, por fin, la propuesta de unateor í a experiencial compleja de la emoci ó n.Con esto no pretendemos agotar, ni muchomenos, el debate, sino s ó lo sugerir y orien-tar la mirada para futuros/as explorado-res/as en este tema tan fascinante.  A  BSTRACT . It has become fashionable totalk and write about the human emotions.We do think that it is time we social (andother) scientists pay more attention to theemotionality of (wo)men. Our approach isan interdisciplinary one, since we believeit is the best way to deal with the complexityof this phenomena. We will concentrate onfour major aspects of it: the universalityofemotions,thediscussionontherelations-hips between emotion and cognition, thesocialeffectsofemotionsandtheemotionaleffects of the social, and, at last, the embo-diednatureofemotion.Oursisanopen-en-ded « story » , and we hope to contribute tothe discussion and encourage further explo-rations on such a fascinating topic.1. Introducción El inter é s acad é mico y popular por lasemociones est á en pleno auge. Desde quenos cuentan la multitud de inteligenciasque pueden describirse del ser humano,incluyendo la emocional (Gardner, 1983)hasta la explosi ó n bibliogr á fica y massme-di á tica sobre la vida afectiva, el tema noha dejado de ocupar un espacio crecienteen el discurso de la « postmodernidad » .S. J. Williams cita los siguientes vectoressociol ó gicosyparadigm á ticosparaexplicarla « mayor í a de edad » de las emocionesen la preocupaci ó n del quehacer de soci ó -logos, antrop ó logos, psic ó logos, polit ó lo-gos. Despu é s de rastrear la permanenciaoculta de la cuesti ó n de las emociones enlos fundadores de la sociolog í a moderna(Durkheim, Weber, Marx, Simmel), nospone al d í a de la actualidad del estudiode las emociones en la sociolog í a y antro-  NOTAS Y DISCUSIONES 178 ISEGOR Í  A/25 (2001) polog í a de la d é cada de los ochenta. Con-cluye que este resurgimiento del inter é spor lo afectivo y emotivo se debe princi-palmente a los siguientes factores: a) Lacr í ticaalafilosof  í aysociolog í aracionalista y su concepci ó n del hombre/mujer; b) Lareintroducci ó n de lo biol ó gico en la expli-caci ó n social y la importancia del cuerpoen la constituci ó n del sujeto; c) La comer-cializaci ó n y comodificaci ó n de lo emocio-nal por parte de la industria del consumo,del ocio y los mass media; d) La expansi ó ncorporativa profesional sobre el á mbito del  self, sus avatares, manejo y vicisitudes,como un campo de pr á ctica terap é utica, y e) La incorporaci ó n de lo afectivo-emo-cional en la agenda pol í tica, como campode derechos y libertades en distintos con-textos « glocales » (Williams, 2001:1-16). Loque est á claro es que m á s que como arte-factos, las emociones deber í an ser enten-didas como procesos complejos que invo-lucran muchas dimensiones del ser socialdel humano.Nosotros no podemos explorar todasestas cuestiones en este breve ensayo sobretema tan complejo, diverso y complicadode definir. Nuestro prop ó sito es introduciralgunas de las claves de la discusi ó n quelos fen ó menos afectivos han suscitado enlas ciencias humanas, especialmente la Antropolog í a, pero tambi é n la Sociolog í a y la Psicolog í a. Desde ah í proponemosexplorar algunos caminos que incorporenuna visi ó n filoontogen é tica, pero tambi é nsociocultural de las emociones humanas,lo que implicar á , necesariamente, cierta « inflaci ó n » bibliogr á fica. Ser á n m á s laspuertas abiertas que las soluciones dadas,pero eso es parte de los l í mites de nuestrotrabajo intelectual. Lo que se pretende esofrecer, en un esfuerzo de coherencia yarticulaci ó n discursiva, una gu í a (incom-pleta necesariamente) de la mirada, el est í -mulo para seguir diferentes pistas. É stasse concentran en torno a cuatro temas oproblemas principales: la universalidad delas emociones y la unidad ps í quica de laespecie humana, el dualismo entre cogni-ci ó n y emociones, la profunda dimensi ó nsocial de lo afectivo y emocional y, por ú ltimo, una tentativa de descripci ó n bio-social, experiencial y encarnada del sujetocomo persona, en donde lo emocional seintegra como elemento b á sico y consti-tuyente.2. La universalidad de las emociones y la unidad ps í   quica de la especie humana La afirmaci ó n de que las emociones huma-nas son generales a nuestra especie suelebasarse en argumentos filogen é ticos y neu-rofisiol ó gicos. Ya Darwin expres ó el sig-nificado evolutivo de las emociones (Dar- win, 1965). Hay una positiva correlaci ó nfilogen é tica entre inteligencia y emoci ó ndesde los invertebrados a los humanos. Lasemociones estar í an ligadas al comporta-miento defensivo y al establecimiento de v í nculos sociales.El sistema l í mbico es cinco veces mayoren el humano que en el mono (Izard,1979). Aunque hay evidencias de que é stostambi é n sufren emocionalmente ante laseparaci ó ns ú bitayprolongadadelamadre(Harlow y Harlow, 1962; Reite y Short,1981), la sonrisa y el llanto son espec í fi-camente humanos, como sistemas deexpresi ó n de las emociones, en relaci ó n aestrategias adaptativas y de supervivenciade nuestra especie (Montagu, 1959), diri-gidas a reclamar el cuidado de los padresen la larga ontogenia humana (Ainsworth  etal., 1974).Elv í nculoafectivoentreinfan-te y cuidadores tiene una funci ó n biol ó gicaesencial que ser í a la de proteger al ni ñ ode los predadores (Bowlby, 1969) Seg ú nZajonc (1984), las reacciones emocionalescategorizan nuestro entorno en clases deobjetos y acontecimientos en t é rminos depeligro o seguridad. La musculatura y lashabilidades para expresar emociones est á npresentes en todo beb é sano en el naci-miento. Estos mismos muestran capacida-  NOTAS Y DISCUSIONESISEGOR Í  A/25 (2001) 179 des tempranas para detectar las expresio-nes faciales de sus cuidadores.Las emociones est á n ligadas a procesosneuroqu í micos y neurofisiol ó gicos del sis-tema nervioso aut ó nomo, entre estos ú lti-mos el cambio de la conductividad el é c-trica de la piel, dilataci ó n de la pupila, alte-raci ó n del pulso y la presi ó n sangu í nea,cambios en la transpiraci ó n y respiraci ó n,secreci ó n de distintas hormonas, etc. Deah í podr í amos hablar de una « neuroqu í -mica » de las emociones (Eibl-Eibesfeldt,1993).Esto justificar í a el car á cter com ú n dealgunas de ellas para todos los humanos,que es precisamente la orientaci ó n de lostrabajos de P. Ekman y C. Izard, para quie-nes existen evidencias crossculturales yetol ó gicas humanas, tanto en ni ñ os nor-males como en ni ñ os ciegos o sordomudos(Eibl-Eibesfeldt, 1993) de determinadasemociones « b á sicas » como alegr í a, sorpre-sa, tristeza, enfado y asco (Ekman, 1992;Izard y Buechler, 1980). Es a trav é s deprogramas motores que dirigen los movi-mientos faciales, con su multitud de m ú s-culos y nervios exclusivamente humanos,como la especie humana expresa e inter-preta las emociones (Ekman, 1979; 1980).Desde este enfoque, la modelizaci ó n neu-ronal de la producci ó n y expresi ó n de lasemociones ser í a innata y s ó lo el cuando,el c ó mo y el control de la intensidad delas mismas variar í a culturalmente 1 . Porotrolado,parecehaberunaespecializaci ó nneurol ó gica en el reconocimiento de laposici ó n de las caras y, por ende, en elreconocimiento de la direccionalidad de lamirada (Perret et al., 1982, 1995). El reco-nocimiento de la modularidad en el tonode voz as í como otras expresiones corpo-rales (posturas) completar í an el espectrode posibilidades experienciales y comuni-cativas de las emociones.Esta orientaci ó n generalista se funda-menta en la idea de una unidad ps í quicapara la especie humana, perspectiva apo- yada — a pesar de sus problemas paraincorporar lo emocional (cf. infra ) — porla psicolog í a evolucionista (Mithen, 1996;Barkow,CosmidesyToolby,1992;Donald,1991; Sperber, 1994) por la que se justificala universalidad de una psicolog í a humanaespecializada en dominios (G ó mez yN úñ ez, 1998) a partir de la dotaci ó n espe-c í fica del homo sapiens en un entorno condeterminadas regularidades medioam-bientales como es el Pleistoceno y que hadado lugar a sistemas clasificatorios(Atran, 1990, 1998) y preceptuales simi-lares entre culturas (Berlin y Kay, 1991).La Antropolog í a, desde sus comienzos,tambi é n se ha planteado este problema,en el contexto de su especificidad comodisciplina (Stocking, 1982). La idea de launidad ps í quica del hombre/mujer se hallevado mal con la idea de la diversidadcultural entre los grupos humanos y, sinembargo, no sin dificultades, la antropo-log í a ha mantenido los dos extremos a lahora de entender la humanidad (Shore,1996) 2 .Desde esta perspectiva universalista, lasemociones generales b á sicas tendr í anreflejo en las construcciones ling üí sticaselaboradas para « denotar » este tipo deexperiencia. A pesar de las diferenciasfonol ó gicas, gramaticales y sem á nticas delas distintas lenguas, existir í a una estruc-tura sem á ntica subyacente com ú n a lamayor í a de ellas en cuanto a la expresi ó nde las emociones. Los humanos usar í an elmismo marco descriptivo a la hora de ubi-car el significado afectivo de conceptos,incluyendo valores, estereotipos, actitudes,sentimientos. Para Osgood, May y Miron(1975)habr í asuficienteevidenciacrosscul-tural para afirmar esto. Levy (1984) afirmaque los t é rminos emocionales usados entrelos tahitianos como en los newar refierenposiblemente a tendencias focales univer-sales y que la diferencia reside en los limi-tes a los que dichos t é rminos se aplican.En esa misma perspectiva se sit ú an Moore,Romney y Hsia (1999) en su an á lisis cross-cultural de los significados de los t é rminos  NOTAS Y DISCUSIONES 180 ISEGOR Í  A/25 (2001) para emociones entre sujetos hablantes dechino, ingl é s y japon é s. Su postura es queexisten estructuras sem á nticas comunespara los t é rminos utilizados para nombraremociones. Esta participaci ó n com ú n designificados es mayor que incluso para t é r-minos utilizados para nombrar categor í asde animales (Hermann y Raybeck, 1981)o de parentesco. Una de las cr í ticas atri-buibles a este tipo de trabajos es su elevadosesgo positivista y el tratamiento descon-textualizado y a-experiencial de la emo-ci ó n. El car á cter discreto de dichas emo-ciones « b á sicas » tampoco est á claro.Wierzbicka (1986) intenta mediar enesta pol é mica sin desbaratar, no obstante,sus presupuestos de partida. Uno de losproblemasdelasteor í asnaturalistasesquelos t é rminos que utilizan constituyen partede la taxonom í a popular inglesa, y no cons-tituyen un marco anal í tico libre de dichacultura. Por ello propone analizar las emo-ciones desde un metalenguaje sem á nticogeneral basado en palabras clave « libres » de cultura como « decir » , « querer » , « de-sear » (want),sentir,pensar, « bueno » , « ma-lo » , lexicalmente existentes en todas lasculturas, diversamente hiper o hipo cog-nizados. Wierzbicka (1986) asume que lano lexicalizaci ó n de una emoci ó n no sig-nifica que no se encuentre en una cultura,sino que los miembros de la misma no lahan encontrado suficientemente saliente.Esto dar í a pie a hablar de cierta especi-ficidad de dominio para las emociones enla naturaleza humana (Wierzbicka, 1994).Pero incluso aqu í podr í a arg ü irse la exis-tencia de culturas que no distinguen entresentir y pensar, como en los Ifaluk deMicronesia (Lutz, 1982) o entre los Sami 3 .La respuesta m á s contundente a los exce-sos « universalistas » ha venido de la partede la Psicolog í a crosscultural y la Antro-polog í a psicol ó gica, reubicando las emocio-nes en el terreno de lo social y cultural.La perspectiva adoptada ha sido denomi-nada « constructivista » , frente a la « organ í s-mica » , descrita hace unos momentos.La Psicolog í a crosscultural tom ó graninter é s por el tema de las emociones, d á n-dole un giro culturalista, nada « psicologis-ta » , relacion á ndolo estrechamente con laconstrucci ó n de la persona y del « self  » (Shweder y LeVine, 1984; Rosaldo, 1980;1984; Levy, 1984), insistiendo en la varie-dad de experiencias entre culturas, y laimposibilidad de referirse a lo mismo des-de un punto de vista trascultural. ParaShweder (1994), por ejemplo, las emocio-nes no son objetos naturales ( « naturalkinds » ) como otros objetos del mundofenom é nico. Ah í reside uno de los pro-blemas conceptuales fundamentales en ladiscusi ó n. Este relativismo m á  ximo es unade las formas que adopta la orientaci ó nconstructivista, que hace residir en la cul-tura la verdadera posibilidad de la cons-trucci ó n, expresi ó n y comunicaci ó n signi-ficativas de las emociones, las cuales seconstituyen en torno a vocabularios com-partidos, convenciones, rituales, tal comoGeertz (1973) propuso para los s í mbolos.El objetivo es reintegrar la vida afectivaa sus relaciones con el contexto social ycultural (Lutz, 1988), al que contribuyen,a su vez, a construir. En esa medida, lasemociones mediatizan el juego social, lainteracci ó n y la contestaci ó n en el senode otros sistemas de referencia jer á rquicosm á s vastos (Abu-Lughod y Lutz, 1990).Desde esta visi ó n interaccionista de losocialydelpoder,puedeentonceshablarsede una micropol í tica de las emociones yde un cuerpo « discursivo » de é stas (Fou-cault, 1988). Desde esta aproximaci ó n, elurso emocional constituye parte funda-mental de la teor í a de las emociones deuna sociedad contribuyendo a la consti-tuci ó n (Heelas, 1996; Solomon, 1984) yordenaci ó n de é stas (Dunn, Brown yBeardsall, 1991; Crapanzano, 1994)mediante la narraci ó n y la recitaci ó n.Uno de los problemas principales, sobrelos que este constructivismo ha desarro-llado su argumento es que se han metidoen el mismo saco emociones « b á sicas » ,
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